
3 de febrero de 1959: el día que la música murió
La tragedia aérea que se llevó la vida de Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper marcó para siempre la historia del rock and roll y convirtió una madrugada helada en una fecha eterna.
En las primeras horas del 3 de febrero de 1959, un pequeño avión despegó con la ilusión de llegar al próximo concierto de una gira agotadora. A bordo viajaban Buddy Holly, Ritchie Valens, JP “The Big Bopper” Richardson y el joven piloto Roger Peterson. Nunca llegaron a destino. El accidente aéreo que terminó con sus vidas quedó grabado en la memoria colectiva como “El día que la música murió”, una frase que con el tiempo trascendió la tragedia para convertirse en símbolo.
Buddy Holly era la gran figura del grupo, un pionero del rock and roll que ya había dejado huella con clásicos como “That’ll Be the Day” y “Peggy Sue”. A su lado viajaba Ritchie Valens, apenas un adolescente de 17 años, que había conquistado los charts en 1958 con “Donna” y comenzaba a escribir una historia que prometía ser enorme. Completaban el trío The Big Bopper, compositor, locutor de radio y autor del contagioso hit “Chantilly Lace”, una de las canciones más reconocibles de la época.
Los tres formaban parte de la gira “The Winter Dance Party”, un tour tan ambicioso como extenuante: 24 conciertos en apenas tres semanas, recorriendo el oeste y el medio oeste estadounidense en pleno invierno. El grupo se trasladaba en un autobús viejo, helado y con constantes problemas mecánicos. Cansado de esas condiciones, Buddy Holly decidió alquilar un avión tras el show del 2 de febrero en el Surf Ballroom de Clear Lake, Iowa, con la idea de volar hasta Fargo, Dakota del Norte, y llegar más descansado al siguiente compromiso en Moorhead, Minnesota.
El vuelo no tenía espacio para todos. Los asientos estaban destinados originalmente a integrantes de la banda de Holly, pero el destino intervino de forma cruel. Ritchie Valens se ganó su lugar tras tirar una moneda con el guitarrista Tommy Allsup. The Big Bopper, enfermo, pidió ocupar el asiento de Waylon Jennings, quien aceptó. En tono de broma, antes de separarse, Holly y Jennings intercambiaron frases que se volverían tristemente célebres. Ese comentario casual perseguiría a Jennings durante años.
Tras un show a sala llena, cerca de las 12.30 de la madrugada, el avión despegó desde el aeropuerto de Mason City. El piloto Roger Peterson, de apenas 21 años pero con experiencia de vuelo, no estaba al tanto del severo pronóstico meteorológico. Minutos después del despegue, la aeronave se estrelló en un campo cercano. Horas más tarde, el dueño de la compañía aérea halló el lugar del impacto: los cuerpos de los músicos habían sido despedidos del avión, mientras que el de Peterson permanecía atrapado en la cabina.
La investigación inicial atribuyó el accidente a error humano y malas condiciones climáticas, aunque con el paso del tiempo surgieron dudas y pedidos de reexaminación, como el presentado en 2015 por el experto en aviación L. J. Coon. Lo cierto es que el golpe fue devastador. Los titulares de diarios como The New York Times anunciaron la noticia que sacudió al mundo: tres de las voces más prometedoras del rock habían desaparecido de un día para el otro.
Las consecuencias personales fueron igual de trágicas. Buddy Holly dejó a su esposa embarazada, quien perdió el embarazo poco después de enterarse de la noticia. La esposa de The Big Bopper también estaba embarazada y más tarde dio a luz a su hijo. Valens, con apenas 17 años, se convirtió en uno de los símbolos más dolorosos de lo que el rock perdió aquella madrugada.
El legado de los tres no tardó en transformarse en música. Eddie Cochran fue uno de los primeros en rendir homenaje con “Three Stars”, y años más tarde Don McLean inmortalizó la tragedia en “American Pie” (1971), llevando al número uno la frase que resumió todo: “the day the music died”. Holly incluso tuvo un éxito póstumo con “It Doesn’t Matter Anymore”, mientras que el cine ayudó a mantener viva la memoria: The Buddy Holly Story (1978), La Bamba (1987) y numerosas apariciones de la obra de The Big Bopper en bandas sonoras y homenajes posteriores.
Más de seis décadas después, aquel accidente sigue siendo una herida abierta en la historia del rock. No solo por lo que se perdió, sino por todo lo que pudo haber sido. El 3 de febrero de 1959 no fue solo una tragedia aérea: fue el día en que el rock entendió, de golpe, su propia fragilidad.
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