
Pity Álvarez: su nueva defensa vuelve a poner la salud mental en el centro del juicio
Los nuevos abogados buscan suspender el debate y pedir una nueva evaluación psiquiátrica.
El juicio contra Cristian “Pity” Álvarez vuelve a quedar atravesado por una discusión que acompaña al músico desde hace años: si está en condiciones de comprender y participar de un proceso penal. En la cuarta audiencia del debate por el homicidio de Cristian Maximiliano Díaz, ocurrido en 2018, la nueva defensa prepara trece planteos ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°29 y apunta especialmente a conseguir una nueva suspensión del juicio.
Sebastián Queijeiro y Javier Baños, que asumieron la representación del exlíder de Viejas Locas e Intoxicados durante el desarrollo del debate, llevarán nuevos estudios médicos y sumarán al psiquiatra forense Rafael Herrera Milano. Entre los elementos que pretenden incorporar aparecen una resonancia y un electroencefalograma. El objetivo es discutir nuevamente una cuestión que la Justicia había considerado resuelta antes de fijar el inicio del juicio: la capacidad psíquica actual de Álvarez para atravesar las audiencias y colaborar con sus abogados.
El movimiento judicial se produce después de las primeras jornadas del debate, durante las cuales el comportamiento del músico volvió a generar interrogantes. Su defensa anterior había advertido sobre episodios de somnolencia y dificultades para seguir las audiencias. También se registraron situaciones como escribir canciones mientras declaraban testigos, utilizar una lupa para leer documentos y otros comportamientos que ahora sus nuevos abogados consideran relevantes para volver a discutir su estado.
Pero hay un punto fundamental: la Justicia no considera actualmente demostrado que Álvarez sea incapaz de afrontar el juicio. Esa es precisamente la discusión que deberá resolverse. En los estudios más recientes citados por el Ministerio Público Fiscal apareció la idea de una “reserva cognitiva” suficiente para atravesar las distintas etapas del proceso. El nuevo equipo jurídico cuestionará esa conclusión y buscará demostrar que la capacidad necesaria para ofrecer un recital o mantener determinadas actividades cotidianas no necesariamente equivale a poder comprender un proceso penal y trabajar de manera sostenida con una defensa técnica.
La historia de esta causa explica por qué el planteo tiene tanto peso. El homicidio de Cristian Díaz ocurrió el 12 de julio de 2018 en el complejo habitacional Samoré, en Villa Lugano. Álvarez está acusado de homicidio agravado por el uso de un arma de fuego. Además, existe otra acusación relacionada con hechos de 2016 vinculados a una presunta privación ilegítima de la libertad.
El proceso judicial tuvo varias interrupciones. En 2021, el Tribunal Oral N°29 suspendió el inicio del juicio luego de informes médicos que hablaban de una incapacidad sobreviniente. Dos años después, en marzo de 2023, el proceso volvió a detenerse debido a nuevas evaluaciones que señalaban dificultades para afrontar el debate. En esa oportunidad se dispusieron controles periódicos sobre su evolución.
El panorama comenzó a cambiar con las evaluaciones posteriores. En 2026, los informes analizados por la Justicia concluyeron que el estado de salud de Álvarez se había estabilizado y que podía comprender el alcance y las consecuencias del proceso penal. Por ese motivo, el tribunal decidió reanudar la causa y fijó once jornadas de debate entre agosto y septiembre.
Uno de los argumentos utilizados por la Fiscalía para sostener que el juicio podía avanzar fue particularmente significativo: la actividad artística reciente del músico. El Ministerio Público Fiscal destacó el recital de aproximadamente tres horas que Álvarez realizó en Córdoba en diciembre de 2025, además de entrevistas, videos y otros trabajos públicos. Desde esa perspectiva, esas actividades demostraban capacidad de concentración, memoria, interacción con el público y organización.
La nueva defensa discute justamente esa comparación. Que una persona pueda subir a un escenario, interpretar canciones que conoce desde hace décadas o sostener una presentación artística no significa automáticamente que pueda comprender todos los aspectos de una acusación penal, evaluar estrategias jurídicas o mantener una conversación fluida con sus abogados. Esa diferencia será uno de los puntos centrales de la discusión.
Y allí aparece el vínculo con el rock. Pity Álvarez no es solamente un músico conocido que atraviesa una causa judicial. Su trayectoria está profundamente ligada a una de las transformaciones más importantes del rock argentino de las últimas décadas. Con Viejas Locas y posteriormente con Intoxicados construyó una identidad propia, basada en el rock barrial, el blues, el lenguaje callejero y canciones que se incorporaron al repertorio popular.
Por eso cada movimiento de su causa genera una repercusión que excede lo estrictamente judicial. Hay una historia artística detrás de la persona que hoy ocupa el banquillo, pero esa historia no puede confundirse con el expediente ni reemplazar las decisiones de la Justicia. El desafío periodístico consiste justamente en contar ambas dimensiones sin convertir la fama del músico en un argumento a favor o en contra de su situación procesal.
También resulta importante recordar que la discusión sobre salud mental no equivale automáticamente a una declaración de inimputabilidad. Son cuestiones jurídicas diferentes: una cosa es determinar si una persona puede comprender y participar de un juicio en el presente y otra establecer cuál era su capacidad para comprender la criminalidad de sus actos en el momento del hecho investigado. La nueva defensa pretende discutir ambos aspectos.
Ahora, el Tribunal N°29 deberá analizar los nuevos elementos que presente el equipo de Baños y Queijeiro. La defensa también anticipó otros planteos, entre ellos el pedido de un juicio por jurados, aunque ese punto aparece como uno de los que probablemente encuentre mayores dificultades procesales.
El futuro inmediato dependerá de las decisiones del tribunal y de si los nuevos estudios son considerados suficientes para ordenar otra evaluación o suspender el debate. Por ahora, no existe una resolución que haya suspendido definitivamente el juicio ni una conclusión judicial nueva que determine que Álvarez sea incapaz de afrontar el proceso.
Después de ocho años de idas y vueltas, el caso vuelve a demostrar que detrás de una figura enorme del rock también existe un expediente judicial que debe seguir sus propios tiempos y reglas. Pity Álvarez construyó una parte importante de la banda sonora de varias generaciones. Ahora, lejos de los escenarios, deberá enfrentar una instancia en la que la música queda inevitablemente en segundo plano y la Justicia tendrá que determinar qué corresponde hacer con el proceso.