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Fito Páez arrasó en Cosquín Rock 2026 y dejó una verdad incómoda: el rock no envejece, se vuelve imprescindible

Su show fue una clase magistral de canciones, carisma y conexión popular. Sin necesidad de nostalgia ni artificios, Fito Páez demostró que sigue en la primera línea del rock argentino.

Fito Páez arrasó en Cosquín Rock 2026 y dejó una verdad incómoda: el rock no envejece, se vuelve imprescindible

Su show fue una clase magistral de canciones, carisma y conexión popular. Sin necesidad de nostalgia ni artificios, Fito Páez demostró que sigue en la primera línea del rock argentino.

La presentación de Fito Páez en el Cosquín Rock 2026 no fue solo uno de los momentos más celebrados del festival: fue una demostración contundente de vigencia artística. En un evento donde conviven generaciones, estilos y modas pasajeras, el rosarino se plantó con su piano, su banda y un cancionero imbatible para recordar por qué sigue siendo una figura central del rock nacional.

Desde los primeros acordes quedó claro que no se trataba de un número “retro” ni de un homenaje a un pasado glorioso. Páez ofreció un show intenso, emocional y lleno de energía, con una interpretación vocal sólida y una presencia escénica magnética. Su repertorio atravesó distintas etapas de su carrera, pero lejos de sonar como una antología, funcionó como un relato vivo que conectó con el presente.

El público —mayoritariamente joven en muchos sectores— cantó cada tema con la misma pasión que quienes crecieron con sus discos en los años 80 y 90. Esa transversalidad generacional es uno de los signos más claros de su actualidad: sus canciones no quedaron atrapadas en una época, siguen dialogando con nuevas audiencias. Temas como “El amor después del amor”, “Al lado del camino” o “Mariposa Tecknicolor” no se escucharon como clásicos intocables, sino como himnos que todavía laten.

La potencia del show también dejó en evidencia algo que a menudo se pasa por alto: Fito es, ante todo, un músico en constante actividad. No depende únicamente de su pasado, sino que continúa componiendo, girando y exponiéndose a escenarios masivos con una entrega total. Su interpretación al piano, sumada a arreglos potentes y momentos de gran sensibilidad, construyó un espectáculo dinámico que evitó cualquier sensación de piloto automático.

En ese sentido, su actuación recordó por qué su nombre suele ubicarse junto al de gigantes como Charly García o Andrés Calamaro: no solo por la magnitud de su obra, sino por su capacidad de mantenerse relevante en distintos contextos históricos. Sin embargo, lo ocurrido en Cosquín no necesitó comparaciones para justificarse. Fue, simplemente, Fito en estado puro.

Otro de los aspectos más impactantes fue la conexión emocional con el público. Páez alternó momentos de euforia colectiva con pasajes íntimos, generando una montaña rusa de sensaciones que pocos artistas pueden sostener durante un show completo. La gente no solo cantó: celebró, se emocionó y participó activamente de cada tramo del recital.

Además, su presencia en un festival tan importante reafirma que el rock argentino sigue teniendo figuras capaces de convocar multitudes sin depender de tendencias digitales o hits virales. En una época donde la música parece medirse en reproducciones y no en impacto cultural, Fito demostró que el vínculo entre artista y público puede seguir siendo directo, físico y profundamente humano.

El cierre del show, con miles de voces coreando al unísono, dejó una imagen poderosa: la de un artista que no solo conserva su lugar, sino que lo reafirma cada vez que sube a un escenario. No hubo sensación de despedida ni de balance de carrera; hubo celebración, vitalidad y futuro.

La actuación de Fito Páez en Cosquín Rock 2026 no fue un recordatorio de lo que fue, sino una confirmación de lo que sigue siendo. En un panorama musical cambiante, su figura permanece como una referencia ineludible, capaz de unir generaciones y de demostrar que el rock nacional todavía tiene protagonistas con presente real.

Porque si algo quedó claro esa noche es que la vigencia no se declama: se prueba arriba del escenario. Y Fito, una vez más, lo hizo con la autoridad de quien escribió algunas de las páginas más importantes de la música argentina… y todavía tiene mucho por decir.

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