
Ricardo Mollo se mete en el universo de Dyango: una canción romántica ahora suena a rock
El líder de Divididos reinterpreta “El Rey de Corazones” junto al histórico cantante español.
Hay encuentros musicales que sorprenden por la distancia entre los mundos de sus protagonistas. Y hay otros que, cuando finalmente suceden, demuestran que las fronteras entre géneros siempre fueron bastante más frágiles de lo que parecen. Eso ocurre con Ricardo Mollo y Dyango, quienes acaban de unir sus voces y sus historias en una nueva versión de “El Rey de Corazones”, uno de los clásicos del repertorio del cantante español.
El lanzamiento llegó el 1 de octubre de 2026 y forma parte de Su Amigo Dyango, Vol. 2, un proyecto que propone recuperar canciones de distintas etapas de la extensa carrera del artista catalán junto a músicos provenientes de diferentes generaciones y estilos. En esta oportunidad, la guitarra eléctrica y la voz de Mollo modifican el paisaje original de la canción sin borrar su esencia melódica.
La colaboración tiene además una historia detrás que parece salida de una película. Mollo y Dyango coincidieron casualmente en un hotel de Santiago de Chile durante 2025. Allí surgió la idea de hacer algo juntos. La promesa quedó flotando hasta que llegó el momento de elegir una canción y llevarla al estudio. El resultado fue “El Rey de Corazones”.
La grabación se realizó en Buenos Aires, en Ocho Music Estudios. Dyango registró su parte mientras Mollo aportó voz y guitarra eléctrica. La producción estuvo a cargo de Benja LB y el videoclip fue dirigido por Denis Henry, combinando imágenes de las sesiones de ambos músicos.
Lo interesante del cruce no está solamente en la sorpresa que genera juntar a dos artistas tan diferentes. También está en la canción elegida.
“El Rey de Corazones” pertenece al álbum Morir de Amor, publicado en 1993. El disco incluyó once canciones y tuvo al tema como séptimo corte del repertorio. Los registros discográficos disponibles coinciden en ubicar la edición del álbum en ese año, por lo que algunas referencias recientes que mencionan 1985 como fecha de origen de la canción parecen confundirla con otra etapa de la discografía de Dyango.
La canción está construida alrededor de una historia de separación, reencuentro y perdón. Su protagonista atraviesa una ruptura, intenta rehacer su vida y finalmente vuelve a encontrarse con aquella relación que había quedado atrás. El recurso de la baraja y el juego de cartas funciona como metáfora de una relación marcada por las apuestas emocionales, las pérdidas y una segunda oportunidad.
Ese contenido explica, en parte, por qué la canción puede adaptarse tan bien a una lectura diferente. No necesita cambiar su historia para adquirir otra personalidad. Lo que cambia es la textura musical.
Dos caminos que finalmente se cruzan
Dyango lleva más de seis décadas vinculado a la música. Su carrera comenzó profesionalmente en los años 60 y encontró en América Latina un territorio fundamental para su crecimiento artístico. Argentina ocupa un lugar especial en esa historia: el cantante llegó al país a fines de los años 60 y construyó desde entonces una relación particularmente fuerte con el público argentino. Incluso incursionó en el tango y llegó a compartir una amistad con Roberto Goyeneche.
Mollo, en cambio, representa otra tradición. Su historia está directamente relacionada con algunas de las transformaciones fundamentales del rock argentino. Pasó por MAM, formó parte de Sumo junto a Luca Prodan y Diego Arnedo y, después de la muerte de Prodan, fue uno de los fundadores de Divididos. La Fundación Konex lo reconoció con el Diploma al Mérito en 1995 como Cantante Masculino de Rock.
La guitarra de Mollo se convirtió en una de las marcas sonoras más reconocibles del rock nacional. Sin embargo, su recorrido también incluye colaboraciones, producción y acercamientos a diferentes géneros. Esa amplitud resulta clave para entender por qué un encuentro con Dyango, aunque inicialmente parezca improbable, termina teniendo sentido.
Una canción romántica atravesada por una guitarra
El valor de esta versión está justamente en no intentar convertir a Dyango en un cantante de rock ni a Mollo en un intérprete de baladas tradicional. La propuesta funciona desde el contraste.
La voz de Dyango conserva el carácter melódico que convirtió sus canciones en clásicos de la música popular en español, mientras que Mollo incorpora su manera de frasear y una guitarra eléctrica que modifica la temperatura de la canción. El resultado funciona como un diálogo entre dos generaciones y dos formas diferentes de entender la canción popular.
Y ahí aparece la conexión con el rock. El género nunca estuvo limitado a las guitarras fuertes, las baterías contundentes o los escenarios multitudinarios. También fue un espacio donde artistas provenientes de mundos diferentes pudieron encontrarse, reinterpretarse y descubrir nuevas posibilidades para canciones que parecían tener una identidad definitiva.
Eso es precisamente lo que ocurre aquí.
El lanzamiento también forma parte de una etapa particularmente activa para ambos artistas. Dyango está recorriendo Argentina con el “Su Amigo Dyango Tour 2026”, mientras que Mollo continúa al frente de Divididos. La banda tiene previstas nuevas presentaciones durante los próximos meses, incluyendo fechas en Tucumán, Buenos Aires y Barcelona.
utilizar una imagen actual de Dyango y Ricardo Mollo vinculada al lanzamiento. Si existe una fotografía conjunta oficial, debe ser la primera opción; si no, una composición editorial con ambos artistas funciona como portada.
En tiempos donde las etiquetas musicales parecen cada vez menos importantes, “El Rey de Corazones” ofrece un ejemplo concreto de cómo una canción puede atravesar generaciones sin perder su identidad. Dyango vuelve sobre uno de sus clásicos y encuentra en Mollo una nueva manera de hacerlo sonar. Mollo, por su parte, demuestra una vez más que detrás de una de las guitarras fundamentales del rock argentino también existe un músico dispuesto a salir de su zona conocida.
El resultado no necesita justificar la mezcla de estilos. La canción habla por sí sola. Más de treinta años después de su aparición en Morir de Amor, “El Rey de Corazones” vuelve a la escena con una nueva guitarra, otra voz y un encuentro que confirma que, cuando la canción es fuerte, las fronteras entre la balada y el rock pueden desaparecer en apenas unos minutos.