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La Portuaria vuelve a mirar hacia adelante: nuevas canciones para una banda que se niega a vivir de la nostalgia

Después de años de pausa, la banda recuperó el impulso creativo con un nuevo disco.

La Portuaria vuelve a mirar hacia adelante: nuevas canciones para una banda que se niega a vivir de la nostalgia

Después de años de pausa, la banda recuperó el impulso creativo con un nuevo disco.

Hay bandas que regresan para tocar las canciones que alguna vez las hicieron conocidas. Y hay otras que entienden que volver significa algo más: recuperar la capacidad de crear. La Portuaria eligió el segundo camino. Después de un extenso período sin publicar un álbum de canciones inéditas, la banda liderada por Diego Frenkel volvió al estudio con material nuevo y encontró allí una manera concreta de reafirmar su presente.

El resultado se llama La vida en la Tierra, un álbum publicado en abril de 2026 que representa el primer trabajo de estudio con composiciones originales de la banda desde La vaca atada, de 2008. Son ocho canciones propias más una versión de “Hay que salir del agujero interior”, de Virus, en un trabajo que vuelve a poner en primer plano esa mezcla de rock, pop, funk, música latina y electrónica que siempre distinguió al grupo.

La importancia del regreso no está solamente en la aparición de un nuevo disco. Está en lo que significa para una banda con más de tres décadas de historia comprobar que todavía tiene algo que decir y, sobre todo, ganas de decirlo.

La Portuaria nació a fines de los años 80, en un momento particularmente fértil para el rock argentino. Diego Frenkel y Christian Basso estuvieron entre los nombres centrales de aquella primera etapa, junto con Sebastián Schachtel y otros músicos que fueron pasando por diferentes formaciones.

Desde el comienzo, el grupo escapó de las etiquetas cómodas. En lugar de elegir entre rock, pop, funk, jazz o ritmos latinoamericanos, decidió cruzarlos. Esa característica terminó convirtiéndose en una de sus principales marcas artísticas.

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Rosas rojas (1989), Escenas de la vida amorosa (1991), Devorador de corazones (1993) y Huija (1995) construyeron durante los primeros años una identidad que no necesitaba parecerse a ninguna otra. “Selva”, “El bar de la calle Rodney” y “Nada es igual” ayudaron a instalar a La Portuaria dentro de una escena que durante los 90 se encontraba en permanente transformación.

El recorrido tuvo pausas, cambios de formación y distintos regresos. Después de la disolución de 1996, la banda volvió a principios de los 2000 y produjo una nueva etapa discográfica con Me mata la vida, 10.000 Km, Río y La vaca atada. Más tarde llegaron nuevas reuniones y presentaciones, entre ellas un show registrado en 2020 que terminó convertido en el álbum en vivo Navegar es preciso, editado en 2021.

Pero el verdadero desafío apareció después: ¿qué hacer cuando el repertorio histórico todavía funciona y el público sigue queriendo escuchar aquellas canciones?

La respuesta de La Portuaria fue volver a componer.

El proceso no fue inmediato. Según explicó Diego Frenkel, durante años hubo ideas, fragmentos y material en desarrollo que no terminaban de encontrar una forma que representara a la banda. La situación comenzó a cambiar cuando aparecieron canciones nuevas como “El animal humano” y “Amor Artificial”. Ese impulso terminó generando un proceso creativo mayor y abrió el camino hacia La vida en la Tierra.

Ahí aparece una de las claves de la vigencia de La Portuaria. No se trata de reproducir exactamente lo que hicieron en los 90. La identidad está en la búsqueda, en la mezcla y en la posibilidad de cambiar sin perder aquello que hace reconocible a la banda.

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El nuevo álbum conserva el pulso rítmico que históricamente acompañó al grupo, pero lo utiliza para hablar del presente. Hay canciones que giran alrededor del amor, los vínculos, la sociedad, los barrios, Buenos Aires, los viajes, la familia y la condición humana. El título del disco funciona casi como una declaración de principios: observar al ser humano desde diferentes ángulos y convertir esa observación en canciones.

La colaboración con otros músicos también forma parte de esa historia de transformación. La formación actual reúne a Frenkel con Schachtel, Fernando Samalea, María Eva Albistur y León Frenkel, además de participaciones de músicos invitados. La ausencia de Christian Basso marca una diferencia respecto de algunas reuniones anteriores y es uno de los cambios que atraviesa esta nueva etapa.

El álbum tampoco se encierra en su propio pasado. La inclusión de “Hay que salir del agujero interior”, canción vinculada a Virus y a Federico Moura, conecta dos momentos de la música argentina y refuerza una tradición que La Portuaria siempre cultivó: tomar influencias, cruzarlas y transformarlas en otra cosa.

Durante 2026, esa nueva etapa se trasladó a los escenarios. La banda presentó el material en distintas ciudades y continuó sumando fechas. En agosto estrenó además el videoclip de “Deshielo”, otro de los temas de La vida en la Tierra, dirigido por Daniel Bohm y registrado en blanco y negro.

La experiencia demuestra que el público también puede crecer junto con una banda. Quienes escucharon La Portuaria durante los 90 hoy llegan a los conciertos con otra edad, otras experiencias y otra relación con aquellas canciones. Pero al mismo tiempo aparece una posibilidad diferente: que las nuevas generaciones conozcan al grupo no solamente por “Selva” o “El bar de la calle Rodney”, sino también por lo que está creando ahora.

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Y ahí está quizás la diferencia entre regresar y estar vigente. Regresar es volver a un lugar conocido. Estar vigente implica todavía tener algo nuevo que aportar.

La Portuaria lleva más de treinta años recorriendo ese camino. Su nueva música no intenta borrar su historia ni competir con ella. La utiliza como punto de partida.

En un rock acostumbrado a mirar hacia atrás para celebrar sus grandes épocas, una banda histórica que decide volver a componer está haciendo algo más valioso que una reunión: está defendiendo el presente.

Y mientras haya canciones nuevas, La Portuaria todavía tiene futuro.

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