
El show del entretiempo del Mundial 2026 dividió a la música: Madonna y Shakira salvaron una producción millonaria que dejó gusto a poco
El histórico primer espectáculo de medio tiempo en una final de la Copa del Mundo reunió estrellas globales, pero la falta de identidad convirtió la superproducción de FIFA en una oportunidad desaprovechada.
La final del Mundial 2026 prometía marcar un antes y un después en la historia del fútbol. Por primera vez, la FIFA apostó por un show de medio tiempo inspirado en el Super Bowl, con una producción de alcance global y un elenco repleto de figuras internacionales. Sin embargo, una vez apagadas las luces del MetLife Stadium de Nueva Jersey, la sensación general fue de decepción. Hubo nombres de primer nivel, despliegue técnico y millones de dólares en escena, pero faltó lo más importante: una identidad artística que uniera cada momento del espectáculo.
Las críticas no tardaron en aparecer y una de las más resonantes fue la de Liam Gallagher, quien resumió el sentimiento de muchos espectadores con una frase tan breve como contundente: "Fue como un mal viaje". El comentario del líder de Oasis se viralizó rápidamente en redes sociales y terminó convirtiéndose en el resumen perfecto de un show que nunca logró encontrar un rumbo.
Un espectáculo con demasiadas estrellas y pocas emociones
La producción, impulsada por Chris Martin, apostó por una mezcla de pop, música sinfónica, cultura popular y mensajes solidarios. Sobre el papel parecía una idea ambiciosa; en la práctica terminó siendo un collage de actuaciones desconectadas entre sí.
La encargada de abrir el espectáculo fue Madonna, quien confirmó una vez más por qué sigue siendo una de las artistas más influyentes de la música contemporánea.
Su aparición fue impactante: ingresó al estadio sobre un buggy conducido por las leyendas brasileñas Ronaldo y Ronaldinho mientras sonaba "Music Inferno", una versión especial que fusiona su clásico Music con Disco Inferno de The Trammps, recuperando un arreglo que solo había utilizado durante el recordado Confessions Tour.
La cantante también interpretó parte de "Danceteria", una de las canciones más celebradas de su reciente álbum Confessions II, cuyo lanzamiento volvió a colocarla entre las principales figuras del pop mundial. Sin embargo, su participación fue demasiado breve para quien representaba el mayor atractivo artístico de toda la programación.
Un desfile de nombres sin un relato común
Tras Madonna llegó uno de los momentos más particulares de la noche. El director venezolano Gustavo Dudamel lideró una interpretación de "Seven Nation Army" junto a músicos de la Filarmónica de Nueva York y la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar.
La propuesta buscó transmitir un mensaje de unidad y solidaridad, aunque quedó completamente aislada dentro de un espectáculo que cambiaba de estilo cada pocos minutos.
Luego apareció BTS>, interpretando "Dynamite", antes de dar paso a un inesperado sketch protagonizado por Jason Sudeikis y Brendan Hunt retomando sus personajes de Ted Lasso.
El cambio volvió a ser abrupto.
Más tarde fue el turno de Justin Bieber, quien, guitarra en mano, presentó "Everything Hallelujah", uno de los sencillos de su reciente álbum Swag II. Aunque la interpretación fue correcta, nunca consiguió levantar la energía de un espectáculo que avanzaba sin continuidad.
Shakira volvió a demostrar por qué es la reina de los mundiales
Si hubo un momento capaz de recuperar la atención del público fue la aparición de Shakira.
Acompañada por Burna Boy, interpretó "Dai Dai", la canción oficial del Mundial 2026 y uno de los mayores éxitos globales del año.
Coreografías, pantallas, bailarines y una puesta en escena perfectamente sincronizada devolvieron por algunos minutos la sensación de estar frente al espectáculo que FIFA había prometido.
No fue casualidad que, apenas finalizado el evento, gran parte de las conversaciones en redes sociales coincidieran en señalar que Madonna y Shakira fueron las únicas artistas capaces de sostener el verdadero peso escénico de la producción.
Un cierre que dejó más preguntas que aplausos
El tramo final volvió a bajar la intensidad.
Chris Martin regresó al escenario acompañado por los Muppets, un grupo de niños del Coro PS22 y varios de los artistas participantes para interpretar una canción inédita.
La intención era cerrar el espectáculo con un mensaje de unión y esperanza, además de dar visibilidad al Fondo de Educación FIFA Global Citizen, iniciativa destinada a recaudar 100 millones de dólares para proyectos educativos y deportivos en todo el mundo.
Sin embargo, la idea terminó diluyéndose entre tantos elementos distintos que jamás llegaron a integrarse de forma natural.
Una producción histórica... pero sin alma
En apenas 11 minutos, FIFA reunió a algunas de las mayores figuras de la música internacional, algo que parecía imposible hace apenas unos años. El presupuesto, la tecnología y el impacto visual estuvieron a la altura de cualquier gran evento global.
Pero el problema nunca fue la producción.
El verdadero desafío era construir un relato capaz de emocionar y convertir ese espectáculo en un momento inolvidable.
Eso no ocurrió.
El primer show de medio tiempo en una final de la Copa del Mundo quedará registrado como un hito por su dimensión, pero difícilmente por su valor artístico. Más que una celebración de la música, pareció una sucesión de nombres famosos compartiendo escenario sin una idea común.
Y, paradójicamente, fueron dos mujeres con décadas de trayectoria —Madonna y Shakira— quienes terminaron recordando que el verdadero espectáculo no depende de la cantidad de celebridades sobre el escenario, sino del carisma, la presencia y la capacidad de conectar con el público.
La historia dirá si FIFA insistirá con este formato en los próximos mundiales. Lo que quedó claro en esta primera experiencia es que, para hacer historia, no alcanza con reunir estrellas: también hace falta una visión artística capaz de convertir un evento en un recuerdo imborrable.
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